Cuando el running se convierte en una terapia contra el cáncer

Desde hace 5 años, el deporte forma parte de mi día a día. A lo largo de este tiempo he practicado muchos: Running, Zumba, Yoga, Kickboxing, Piloxing (Pilates + Boxing), HIIT, TRX, Crossfit, Natación, Fútbol, entre otros. Sin embargo, luego de ser diagnosticada con cáncer de mama, hay un deporte en especial que ha ganado mayor importancia: el Running.  Y es que con el mismo he observado muchas mejoras físicas y anímicas cuando lo incorporo en mi día a día.

Les cuento. Yo me inicié en el running en el año 2014, cuando me encontraba estudiando en el exterior. La verdad desde entonces no he participado en muchas carreras. Corría por diversión y porque quería bajar de peso. Además, me encontraba estudiando y no tenía con quien correr. Sin embargo, el running era parte de agenda. Corría por lo menos 3 veces a la semana. Entre el 2014 y 2015 hice tres carreras: una de 10K, una 1/2 maratón y un Color Run de 5k.

Y justo cuando iniciaba los preparativos para correr en mi primera carrera en Panamá, me diagnosticaron con cáncer de mama. Fue entonces cuando inició la maratón de mi vida.

Obviamente, las prioridades cambiaron y el running ya no era imprescindible en mi día a día (o al menos eso pensaba). Para ese entonces mi meta era recuperarme de mis cirugías, de las quimioterapias y radiaciones, además de los tratamientos hormonales. Durante esta etapa logré correr esporádicamente, cuando el cuerpo lo permitía. Recuerden que también tenemos que aprender a escuchar a nuestro cuerpo, pues hay veces que simplemente no podemos.

Luego de terminar con todos los tratamientos, el año pasado corrí mi primera 1/2 maratón y mi primera carrera en suelo patrio: la 1/2 maratón de San Isidro, en Pesé, Herrera. La verdad es que me fue mejor de lo esperado (pueden ver esta historia aquí)

Sin embargo, luego vino otra cirugía y tras eso una pequeña depresión que me llevó a no percibir la maravilla de este deporte. Hubo días en los que llegué a sentirme miserable. Y es que la terapia complementaria que utilizo para evitar que el cáncer regrese tiene muchísimos efectos secundarios, entre ellos dolor muscular, dolor en las articulaciones, retención de líquidos, depresión, entre otros.

Hace un par de semanas, mientras meditaba, me percaté de que en los últimos tres años, mi cuerpo había pertenecido a oncólogos y cirujanos, enfermeras y radioterapeutas. Había pertenecido a mi cáncer. Luego recordé ese ¨feeling¨ que sientes al correr. Fue entonces cuando decidí comenzar a correr OTRA VEZ.

Este año espero correr 21K en la Maratón Internacional de Panamá. No tengo expectativas para mi carrera. Solo quiero hacer un buen trabajo y completar con éxito 21 kilómetros (asumiendo que mis pantorrillas, isquiotibiales y cuádriceps cooperen).

Empecé a entrenar hace un par de semanas y, no les voy a mentir, estas semanas ha sido difíciles. Peso más de lo que debería y mis músculos han perdido el tono. Me duelen las piernas y las rodillas. Y, en mi total vanidad, odio seguir avanzando como una tortuguita. Pero en los días transcurridos desde entonces, a medida que avanzo, siento como si hubiera encontrado a un amigo perdido hace mucho tiempo: mi cuerpo. Al correr nuevamente, me di cuenta de que estaba reclamando la propiedad del mismo. Además, después de haber resistido el cáncer y sus tratamientos, los viejos dolores y quejas de correr ya no significan mucho. No se pueden comparar con el dolor y la fatiga que acompañan al cáncer.

Estoy feliz de recorrer kilómetros mientras me pego a mi corredora interior, inoculando sudor y con el latido de mi corazón. (Y si puedo perder las 10 libras que he obtenido con la terapia hormonal y la alimentación descontrolada, eso también sería bueno).

Dejando a un lado el cuerpo, también descubrí que correr es bueno para mi actitud posterior al tratamiento, porque me saca muchos pensamientos negativos de mi cabeza. Dado que, en última instancia, los sobrevivientes al cáncer tendemos a vivir demasiado en nuestras mentes. Ahora que he regresado a los entrenamientos he descubierto que hacer ejercicio puede ser una de las mejores cosas que una persona puede hacer después de su tratamiento contra el cáncer. Los dolores que sentía producto de mi tratamiento de control casi han desaparecido. Además, mi sueño es mucho más placentero.

Mi relación con el running definitivamente ha cambiado. Como les dije, solía correr por diversión, para ver qué tan rápido podía ir y para perder peso. Pero ahora corro para aclarar mi mente y tomarme un descanso del estrés de las visitas al médico, las decisiones de tratamiento y todo lo demás que me nubla la mente como sobrevivimiente de cáncer.

“Cada carrera es un regalo. Corre mucho, corre fuerte.”

YESS

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